miércoles, 14 de septiembre de 2011

Instrucciones para comprar un vestido de fiesta

El círculo de amigas de una es chico. Y no es porque es mi círculo: el de Roberto Carlos nunca llegó a tener un millón (de hecho cantaba "yo quiero tener..."). Si sacás a los 357 de Facebook, amigos amigos son pocos. Y cuando una de ellas se casa, todos tus amigos tienen una fiesta.

Con otras fiestas que están fuera del círculo más chico de tus amigos (llamémoslo "del primer cordón"), te arreglás rápidamente: llamás a tus amigas, pedís un vestido prestado y listo. Pero cuando la que se casa es del primer cordón, te das cuenta que TODAS ya pasaron por el vestido azul a pintitas blancas y faja roja y que no está bueno que rotemos esta vez. Hay que comprarse un vestido nuevo.

De los creadores de "comprarse un jean es lo más complicado del mundo" y de los Productores de "Hay 1 vendedora insoportable cada 5 negocios" llega: "Me tengo que comprar un vestido de fiesta".

Una no se compra un vestido: una se compra un momento. Pienso en esa fiesta y me veo: luces, bola de espejos y yo. Yo con EL peinado de diosa total: rulos pero sin frizz, volumen controlado, corto pero largo. Yo con EL maquillaje: fumé negro en los ojos, ¡morocha argentina total!. Yo con EL vestido: Ese que en la foto de mi cabeza es negro-violetáceo o quizás verde manzana, strapless-con-mangas-que-me-tape-el-brazo, ancho para disimular los canapés que vendrán pero ajustado para que me marque el cuerpo. El vestido perfecto: flashes, la noche, Teté. Una princesa. Él, mi príncipe. Y si no hay él, todos caerán rendidos igual: ¡¡¡a ver con este vestido, es más que obvio!!! Una no tiene demasiadas ocasiones para vestirse de gala (este año no voy a la cena de Fundaleu, ni a la entrega de los Martín Fierro y todavía no recibí la entrada al Oscar 2012 - creo que es el Correo que anda mal), así que hay que romperla.

Entonces un día salís a buscarlo: es simple tenés todas las características en la cabeza (¿?). Vas mirando la vidriera con ese "momento" en tu cabeza...y no lo encontrás. Son muy ajustados, muy sueltos, muy poco escotados, muy escotados, muy de feria, muy caros, muy sirena, muy largos, muy cortos. Te probás, te probás y nada.

Piedras en el camino

Al hecho de no encontrarlo se suman personajes de libro que hacen la tarea menos grata:

  1. La vendedora "copada": te pido por favor que dejes de decirme "este disimula el rollo" porque estás haciendo que repare en un rollo que todavía no había visto.
  2. El modelo de moda: Se usa corte sirena, escote corazón y de seda....y toooooooooooodos son así. ¡Y yo quiero otro porque no me interesa la moda, diseñador! Además, sabés que corrés el riesgo de que haya otra con el MISMO vestido. 
  3. La anti-vendedora: - "¿Cuándo tenés la fiestita?" - ("Fiestita", pensás. Es super importante, nena.) - "En noviembre", le contestás. -"Ah, entonces vení más cerca de la fecha porque ahora no podés probártelo: nosotros cuidamos el vestido", te dice. ¡¿EH?! 
  4. La vendedora que más te conoce: te va mostrando ella vestidos según su criterio de lo que te puede quedar bien. Yo quiero pasar percheros y percheros y entrar con muchas perchas al probador.
  5. Tu humor del día: no vayas si estás en esos días. En serio te lo digo. Mirate una comedia romántica comiendo chocolate pero no vayas. En serio te lo digo de nuevo.
  6. Las teenagers: A ellas les queda bien la flor rosa en el vestido de primavera-verano 2012. A vos... ponele.
  7. Las teenagers 2: ¿Tan cortos tienen que ser los vestidos?

En fin, hay muchos palos más y como encontrar ese "momento" lleva más tiempo de lo que creés, me pongo a teorizar sobre la compra de un vestido. Llevar lo empírico a la teoría aclara los pensamientos y te lleva a conclusiones racionales, certeras, profundas y sanas. La realización de una planificación pensada hace que luego encontrar ese "momento" sea mucho más sencillo. Es por eso, que me propuse pasar mis pensamientos a unas instrucciones simples que nos sirvan a todas las que alguna vez nos vimos en esta situación. Y aquí están:

Instrucciones para comprar un vestido de fiesta


1- Que todo te chupe un huevo, total después del carnaval carioca vas a terminar transpirada, en patas, con el maquillaje corrido y feliz. Fin.

A partir de este momento voy a seguir las instrucciones y procurar que ese momento de princesa, diva total, las luces, EL maquillaje, EL peinado, EL vestido se vean a simple vista en mi a veces de moda, blanca, amplia y escotada sonrisa.

miércoles, 12 de enero de 2011

Los jeans me aprietan (¿las medias me dan calor?)

Aquel que crea que las Fiestas ya pasaron, se equivoca completamente. Lamento decepcionarlos pero las fiestas no pasaron: se quedaron todas en mis muslos. En lo poco que va del año que corre (cosa que yo no hago), tengo en mis caderas a Papá Noel, los Reyes Magos, los camellos, José, María, un pastor que le cubría los francos a José, el espíritu santo, las palomas, la estrella de Belén y un Mantecol (¿me querés decir cómo a alguien se le ocurrió inventar el Mantecol con el sólo propósito de hacerme adicta?).

Lejos estoy de hacer un racconto de lo que comí durante el 24, 25, 31 y 1 (y los días en el medio por todas las despedidas del año), sino que ante una situación vivida en la mañana me puse a pensar. Ya sabemos que pasa cuando eso pasa. ¡Cuando yo te pienso, te pienso!

Hoy estaba algo fresquito, y dije "me voy a poner el jean azul". Es un jean que me queda cómodo, que está bueno porque es azul y va con todo. Paso una pierna, paso la otra y subo el pantalón. ¿Subo el pantalón? No sí, sí...el pantalón sube. Sube pero no como antes. Cierro un botón, cierro el segundo y cierro todos. Camino. Camino y lo siento raro. Freno un poco. "Seguro que está recién lavado", me justifico. No, no. No está recién lavado. Viene la parte de la "estocada". Un paso laaargo para adelante y hasta abajo para estirarlo un poco. Ahora la otra pierna. Pero nada. Sigue igual de incómodo.

Estamos ante el momento de inflexión: ¿seguir con la incomodidad del jean azul como recordatorio de la dieta a la que tendré que someterme u optar por un pantalón más cómodo y salir como si nada (ni siquiera Papá Noel) haya pasado? Acá es donde empecé a pensar.

La Real Academia Española (RAE - que a veces se pasa de lista) define a la incomodidad, como "falta de comodidad". Como soy más asusta que la RAE, busqué comodidad y cómodo (pues la inteligente RAE la definió como "cualidad de cómodo"). En fín, cómodo es: conveniente, oportuno, acomodado, fácil, proporcionado.

Mi jean no era conveniente ni oportuno, distaba de ser acomodado y fácil, y menos que menos proporcionado (a las caderas con los camellos). O sea, incómodo. Y ahí estaba yo y mi jean no proporcionado (claramente, el jean, no yo) y tenía que tomar una decisión: ¿la incomodidad o la comodidad?

La incomodidad genera movilidad. Si uno no está cómodo con lo que está viviendo, con lo que le está pasando, con lo que está siendo y haciendo, y pensando y sintiendo, cambia o intenta cambiarlo. La comodidad, es un arma de doble filo. Por un lado, es muy placentera. ¿Qué mejor que estar cómodo con la vida de uno? Sentirla fácil, proporcionada, oportuna. ¿Qué más me gustaría en este momento que el jean azul me quedara bien? Sin embargo, la comodidad también puede llevar al sedentarismo. "Así, estoy bien, estoy cómodo" escuché decir a alguien, cuando segundos antes me decía que con su pareja ya no pasaba nada y que eran "como amigos". "Yo la quiero, no me mata de amor, pero me da cosa cambiar todo, romper la relación, separar las cosas", dijo segundos antes de decir "estoy cómodo".

Si vamos a sentirnos cómodos sintámonos cómodos positivamente. Sintámos que la vida no podría ser de otra manera a cómo la estamos viviviendo y no con resignación por aceptar lo que nos "tocó". Sintámonos cómodos con el silencio que no molesta, con las palabras que no duelen. Sintámosnos cómodos con el trabajo que motiva, con la pareja que enamora, con los amigos que no fallan. Sintámonos cómodos a sabiendas que esta es la vida que quiero vivir. Sino, no es comodidad: es sedentarismo.
 
Lo incómodo mueve, hace crecer, hace feliz. Nadie dijo que es fácil, y no es fácil ¡justamente porque es incómodo! (ver RAE), pero cuando algo nos resulta incómodo es señal de que las piezas del gran rompecabezas que somos, no están bien acomodadas. Es síntoma de que algo tenenemos que cambiar para estar mejor, como queremos estar.

Hoy me dejé el jean azul para recordármelo todo el día.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Lo que no nos dijeron de chiquititas: dejarlo ser

Domingo a la tarde, después de una comilona por el cumple de papá. Me tiro en el sillón y busco una comedia romanticona para ver (le estuve metiendo duro a las pelis de terror y necesito que la gente se quiera y que que termine poseída por el Diablo). Encuentro esta: "He's just not that into you" (Ver trailer con subtítulos, perdón por la calidad). La sinopsis dice algo de "las relaciones a los 30" así que compro porque todo lo que dice "30" me atrae.

Play. Y arranca y compré. Me quedo viéndola. Obviamente una película que habla de amor. De los que están solos, de los que están en pareja, de los que están casados, de los que quisieran, de los que no quisieran. Lejos de querer ser una crítica de cine o fan de la película, me hizo pensar en algunas cosas: Eso de que "hay que" estar en pareja o "hay que" casarse y tener hijos. "hay que" ser exitoso, ¿funciona?. La respuesta obvia es: No.

Me dirán, "che, ¿sos tan genia que recién ahora te das cuenta que no funciona?" No, claro que desde hace un tiempo que lo pienso pero recién ahora estoy dejándolo funcionar. Soy chica de barrio. Crecí jugando a la mamá y al papá, a que la gente se mira a los ojos, se agarra de la mano y se ama para siempre. Que en el medio nada más. Que eso es ser feliz. Y la verdad estuve muy equivocada. Veo parejas casadas que buscan algo más afuera, veo gente sola tan feliz que contagian, veo personas que se sienten plenas detrás de su computadora en la oficina, veo gente que sonríe sin pensar en su futuro, y veo otras que no pueden parar de planificarlo. El pasto no es más verde en otro jardín. Es sólo pasto. Y me olvido a veces de regar el mío...¡y tan sólo es eso!

Creo que a veces empujo las cosas para que todo suceda. Una vez lo hice tan obvio, que lo empujé tanto, tanto, que lo tiré pá juera. A veces me es difícil "dejarlo ser" porque me da miedo no saber para donde va ir eso a ser dejado ser. Entonces por miedo, uno va poniendo bloquecitos y encauzando su río hacia la mar. El río avanza por la ruta que le marcaste. Pero es falso. No sirve, tarde o temprano esa represa va a mostrar grietas. Podrán arreglarse, o no. Hay que dejarlo ser. Y en un pacto conmigo misma, me prometí no tirar más de los pelos nada: dejalo ser, y si no vuelve..."he may not be that into you". Él, ella, ese trabajo nuevo, la relación con tu flia. No hablo sólo de una pareja.

No es lo mismo echarse y no hacer nada. No. Che, no estoy diciendo eso. Siempre digo que "hay que dejar que las cosas pasen, sin dejar de hacer pasar las cosas". Lo que estoy diciendo es que de alguna manera, todo es más sencillo de lo que hasta hoy pensaba.

Mujeres, hombres, nenes, grandes, todos buscamos lo mismo: felicidad. Entonces, de alguna manera mágica, de alguna manera astronómicamente controlada, de alguna manera destinal, las cosas que te hagan bien, tranquilo, van a terminar pasando. Sólo, como decía Paul, hay que dejarlo ser. Una nueva pista (tonta y obvia...I know!): Todos queremos ser felices. Todos encontramos o encontraremos a quien busque ser feliz de la misma manera que uno.

Todos en este universo mágico, astronómico y destinal volamos solitos y cada tanto, cada muy tanto, nos toca un lindo copiloto volando con nosotros. Dejate llevar por el viento. Volemos juntos por este rato y veamos como nos va.

lunes, 25 de octubre de 2010

El problema de ser ansiosa

¿Tirás el botón antes de terminar de ir al baño? ¿Ni bien arranca el partido preguntás cuánto falta? ¿Tenés ganas de que sea Navidad y estamos a 25 de octubre? Sos de los míos. Si querés te cuento el final de la nota para que no te muerdas los codos de ansiedad, pero la verdad no sé como termina. Y justamente ese, es uno de los grandes problemas de los ansiosos: la ausencia del conocimiento del final o de lo que viene.

No es que quiera saber como termina una película, eso no es ansiedad. Uno sabe a ciencia cierta y de antemano que la película va a terminar. 2 horas después, 5 horas después (si es Lo que el viento se llevó). El tema es que termina. Y punto. Entonces sé que ese es el final.

El gran problema de los ansiosos y la falta de saber la resolución de algo, es que no sólo no sabemos cómo se van a dar las cosas sino que tampoco sabemos cuándo. Alguna que otra vez he reflexionado y escrito sobre la importancia de vivir el momento. Y lo sigo sosteniendo. Pero, "ok, yo ya viví este momento...¿qué momento sigue?". Ese es el pensamiento del ansioso: pensar en lo que sigue.

Es fácil cuando uno tiene mojones claros, postas que hay que alcanzar, lograr y seguir de largo. Porque uno no tiene que pensar en "¿qué sigue?" sino que está claro: jardín, primaria, secundaria, universidad, trabajo. Trabajo. Trabajo. ¿Pareja? ¿Familia? ¿Viajes por el mundo? ¿Qué disfrutar de cada etapa? ¿Vos estás loco? ¿¡Cómo me voy a detener!?

El problema del ansioso se intensifica cuando la vida no se divide en cuatrimestres y tenemos que salir nosotros a poner mojones. Yo sé que quiero seguir, porque acá ya estuve, me aburre todo esto pero no tengo todavía marcado ni claro para adonde ir. El día a día, se...lo viví. La primavera, see la viví. ¿Qué viene?

Estar en Navidad pensando en donde vamos a pasar año nuevo, en las vacaciones pensando en las próximas, en la cena pensando en qué se va a almorzar al otro día, en la peluquería en cuál va a ser tu próximo corte y en Perú pensando en la vuelta, en Banfield pensando en el sur. No es vida.

La edad del "me pongo el barcito en la playa y se va todo al carajo" es muy dura para el ansioso. Primero porque las astas las tiene uno (y aunque siempre las tuvo, ya no hay casilleros marcados) y ladear al toro para un lado sin saber para donde es complicado. Y encima, aunque no sepamos para adonde llevarlo, queremos que llegue ya.

Quisiera que existan ejercicios para el ansioso (¡probablemente los haya pero yo no los conozco, y quiero conocerlos ya!). Caminar en la cinta sabiendo que no vamos a ningún lado, sólo por el hecho de caminar.

Me gustaría tener un video club de etapas de mi vida. Ir viendo qué viene, ver qué me gusta y qué no, qué me va a pasar y qué puedo evitar. Hacer fast foward. Está claro que eso no existe y que no va a existir nunca por más ansiosa que sea. Y está claro también que no sirve de nada. Que Amelié no sería la misma película sin la escena de la mano en las lentejas, que Lo que el viento se llevó, no es nada sin la imagen del tendal de muertos de guerra, que un mundial no es nada sin himno, que una canción es otra sin las primeras dos notas.

Da miedo pensar en pasar momentos. Después no vuelven. Tranquila, ansiosa, ya vas a estar adelante y casi en el final de la cinta, vas a pensar en porqué quisiste acelerar las cosas, por qué no disfrutaste de ese baño de inmersión, de esa mateada y de ese asadito. Lo que tenés es el hoy y es un bello hoy, y lo que viene, ya vendrá.

martes, 7 de septiembre de 2010

Una más y no respondo de mí

Una no lo hace de malvada. No es que me dispongo a arruinarte el momento y entonces "paf" te la digo. O que te veo ahí, con cara de expectativa, esperando algún tipo de consuelo y salto con lo más insignificante e impersonal que te pueda decir, la frase hecha. Y no cualquier frase hecha la de: "Si no es este será otro" y "ya vendrá". Ahí mismo, merezco la puteada. Lo hice, lo hice ayer, y me respondieron un uppercut cortito: "Sí ya séeee, pero estoy re podrida". Bien puesto.

A ver. Que yo diga frases hechas atiende, en parte, a que ya las he escuchado. He recibido las mismas. Vacías completamente. Tan hijaputamente ciertas, la mayoría de las veces. Uno termina diciendo "pero la puta madre tenía razón" y terminás convirtiéndote en un portavoz del "no hay dos sin tres", "no hay mal que por bien no venga", "las cosas por algo pasan". Pero "Si no es este será otro" y "ya vendrá" te dan en lo más bajo.

No me digas que será otro, flaca. Yo quiero a este. O a uno. O a cinco. Será el otro, o el otro, o capaz el otro. Pero hoy el que me jode es este, entonces, si el otro "ya vendrá" que venga YA porque tengo callos de esperarlo. Si vos querés seguir esperando porque "si no es este será otro", daaaaale, haceeeelo, pero yo tengo ganas de que en algún momento sea este. Quiero dejar de jugar al jueguito de si me llama, lo llamo, le digo de vernos, no le digo, le mando un mail, me hago la linda. Quiero llamarlo, que me llame, vernos, mandarle un mail y hacerme la linda para y con él.

¿Cuándo sabemos aparte que "ya vendrá"? ¿Un día vas caminando por la calle y era ese? ¿Estás en la góndola de congelados y ¡zás, ya vine amor! Una cuando arranca le juega pleno y tira un "es este". O  por lo menos un "es este" ahora, acá, en este momento. Sería fácil preguntar de una "ok, viniste, ¿y a qué viniste?" pero creo que nadie se da cuenta. Ni vos, ni él, ni ella.

Y fastidia. ¿Se acuerdan la sensación de empezar un cuaderno nuevo en la primaria? El olorcito a nuevo, blanco, las esquinas punteagudas, la promesa de ser prolijos y de repente, un café con leche arriba del Rivadavia. Frustración con renglones. Así es cuando un globo se pincha. No me digas que va a venir otro.

Quizás hay frases hechas que molestan porque no nos dicen lo que queremos escuchar. Y el contexto lo es todo. No es lo mismo un "en casa de herrero cuchillo de palo" que un "el tiempo cura todo". El "si no es este será otro" y el "ya vendrá" implica ausencia, carencia, falta, que como conceptos platónicos no lastiman tanto como mirar al lado de tu cama y que esté vacía, un viernes a la noche si un abrazo, risas y besos, y charlas de dos horas por teléfono.

1.234 veces escuché el "si no es este será otro" y 679 el "ya vendrá". Las 1.913 veces me seguí sintiendo sola y vacía. Ya sabía que iba a venir pero yo lo necesitaba en ese momento.

Tomá mi "ya vendrá" como un "yo vine". Tomá mi "si no es este será otro" como un "no estés triste que sos hermosa". Y  la próxima vez que escuches una frase hecha, tomá el toro por las astas y con mucha presición, porque el que mucho abarca poco aprieta, miralo a los ojos, a pesar de que lo esencial sea invisible a ellos, y
decile gracias por el fuego pero no.